Vuela ‘El Pájaro’

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Si las manos de Rafael Casillas Hernández fueran alas estarían casi desplumadas por su avanzada edad, sólo el viento las movería.

Sus amigos lo apodan “El Pájaro” y él dice que aún puede volar.  Para Casillas Hernández los jueves son sagrados, es su día de descanso desde hace 50 años, cuando decidió vender agua de cebada.

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Fuera del jueves, todos los días “El Pájaro” empuja su carreta con dos latones encima.

“Pues ya tengo más de 50 años vendiendo agua, sí ya estoy muy cansado, ya no puedo trabajar pero qué hago pues tengo que comer. Me dicen que ya no trabaje y cómo, no tengo quién me de”, lamenta.

Afuera de su domicilio hace guardia su carreta, la tiene estacionada sin cadena ni temor a que alguien se la robe, quizá porque sus vecinos ya lo conocen.

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Tras una mirada al interior de su casa se observan dos mecedoras, Casillas Hernández está sentado en una de ellas, mientras que la otra la tiene libre para sus visitas.

Los jueves Casillas Hernández intenta relajarse mientras platica con su esposa, Agripina Indira, aunque estar en su hogar le tiene incómodo porque no puede quitarse de su cabeza la idea de trabajar.

“Estoy desesperado porque no ando en la calle, y estoy con una fatiga pensando en el trabajo, sueño el trabajo”, confiesa.

ANTES DE VOLAR

Rafael, “El Pájaro”, nació a mediados de los años 20, en una casa de la Calle Benito Juárez.

Entre dunas de arena y caminos de palmeras pasó su juventud; su padre trabajaba como panadero mientras su madre cuidaba de sus seis hijos.

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Cuando la Segunda Guerra Mundial daba sus últimos coletazos, alrededor de 1945, Rafael había trabajado en la elaboración de pan y vendiendo mariscos, pero nada lo satisfacía.

Un giro del destino hizo que se enrolara en el Ejército, desde Mazatlán lo enviaron a las Islas Marías donde conoció a Pedro Infante cuando filmaba una de sus cintas.

Su carrera en el Ejército duró sólo seis años, porque se enfadó de todas las experiencias que tenía en las Islas Marías, más cuando un preso intentó escaparse de ahí.

“Qué se me fue un preso, un negro, siguió caminando y corrí sobre él y le grité ‘párate’ y me dijo ‘qué quieres soldadito hijo de…’, yo siempre andaba armado y le di el primer tiro”, recuerda.

Aquel viejo uniforme quedó perdido entre cajas de cartón, Rafael abandonó su carrera militar y regresó a Mazatlán consiguiendo trabajo en la panadería “La lluvia de oro”.

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Alrededor de un año le duró elaboró pan, ahí conoció a un compañero al que apodaban “El Pájaro” quien tenía un parecido con él, su amigo falleció y él heredó el apodo.

De vuelta a la calle

Hoy “El Pájaro” retomará su tradicional ruta para vender agua de cebada, comenzará en la esquina del Mercado Municipal Juan Carrasco y avanzará por toda la calle Martiniano Carvajal hasta llegar a la Avenida Miguel Alemán.

“¡Agua!”, grita Casillas Hernández para que todos los transeúntes lo escuchen, el vaso con agua cuesta 6 ó 15 pesos”.

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“No, pura cebada (vendía) porque empecé de limón y no se vendía, entonces pura cebada me agarré, siempre la hago muy sabrosa el agua”, asegura.

Aunque para “El Pájaro” no es un secreto revelar cómo elabora su agua de cebada, él prefiere que sus clientes descubran ese sabor.

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4 comentarios sobre “Vuela ‘El Pájaro’

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