FLAGELACIÓN

Los pasos de Ángel cimbraron hasta el último pliegue de cuero, su instinto animal dominó los dolosos racimos de humanidad que una vez habitaron el ente cubierto con lagrimas, sueños rotos y semen. Camilo no tenía a dónde correr. Huir era ilógico cuando su captor se aseguró de clausurar puertas y ventanas. La ansiedad lo sumió hasta lo más profundo sin retorno a lo que una vez llamó vida normal. La tentación de someterse a la lujuria del cuero sintético cobró un alto costo. A las 03:15 el flácido escroto resintió el primer azote.

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