ORÉGANO

La alucinación persiste, no abandona los ojos de Isaac, son dos círculos no más grandes que una corcholata, están encima de él, se observan y alguien se enfurece por la sonrisa jocosa que tiene la imagen borrosa frente al hombre que yace boca arriba.

El cuerpo de Isaac de estremece, tiembla sin la menor provocación del frío, es una señal de alerta, algo va a pasar. La risa de niños delata su angustia. ¿Qué está pasando? Se pregunta a merced de la penumbra que lo envuelve con un abrazo que repta desde sus pies hasta su cabeza. No distingue si va o viene, es un bulto que avanza más a prisa que sus pasos sobre la tierra.

Es presa de sus emociones, lo traicionan, juegan con él, vas a sufrir el verdadero horror. Vale oro cada minuto que gana a la vida pero se escurren en gotas de sudar, su piel expele una peste que inflama su estómago, contra el pecho y siente el infierno en la garganta que arde hacia su esófago, las entrañas se derriten e Isaac no es capaz de huir.

Se mira a sí mismo que corre, atraviesa un marco estrecho al recorrer un sendero sinuoso donde él mira levantarse el polvo, se sabe que corre, reconoce su rostro, se ve a sí mismo atrás del marco, se rebasa otra vez, es una carrera ignorante de final.

Cae sobre sus pasos y el cuerpo queda boca arriba, chasquea los labios como loco, lucha por respirar en una pelea contra la nada que le arrebata el aire a milésimas de segundo. Está solo contra la calumnia de la vida, se siente farsante de una existencia que no le pertenece, bufa como locomotora gases pestilentes, Isaac no soporta su cuerpo, sí, piensa, en ese momento va a arrancarse la piel, primero el vientre, con suerte no se desangra porque no hay arterias importantes, después las piernas a fin que no sirven más, por último la cara para dejar sus brazos a tributo de aquella monstruosidad que lo acorrala desde lo alto como nube de lluvia sin luna llena. Un ligero desgarre de luz mutila sus pupilas, su cerebro se harta de procesar los colores hasta que estalla de cólera. ¡Basta! Grita Isaac.

Los pasajeros del autobús despiertan de su arrullo sobre ruedas, clavan sus miradas sobre el pasajero del asiento 17 que sale de un trance gástrico, producto de la torta ahogada con exceso de orégano.

Nota: Queridos lectores, la torta ahogada es un platillo mexicano, que consiste en un pan relleno de carne de puerco. Este se baña en una salsa de tomate caliente, se acompaña de cebolla curtida que lleva orégano como especia.

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